No puede saberse si es verdad. Cuentan que él se enamoró de una muchacha, de menos años y más fina, con apellido, muy inclinada al baile. Pero como él no tenía más que cultura, y eso ni siquiera hermosea el cuerpo de un hombre, fue sensato y no intentó nada. De esta manera, claro, no enmudecía la vocecita, esa vocecita que hace sufrir.
Como las cosas no podían quedar así, tuvo que buscarse una solución. Y esta solución fue burlarse de sí mismo, darse argumentos, suponer que si se casaba con ella, irremisiblemente sería burlado. Para que el remedio no quedara en el mortero, sacaba todo eso del cerebro y lo ponía en relatos, cuentos, los primeros de su pluma que le parecieron viables.
Todo andaba más o menos bien, pese a que la vocecita no expiró. Sus cuentos se difundieron, dándole alguna famita de literato. Precisamente por tal divulgación sintió que se salvaba, porque si algo sucedía entre ella y él, retratados sin tapujos en los cuentos, la gente pensaría y, en consecuencia, las sonrisas insoportables…
Publicado por primera vez en Buenos Aires en 1955 y escrito en la década anterior, ‘El pentágono’ atrae desde hace años la atención de la crítica, no tanto por poner en jaque ciertas pautas de construcción realista del relato, sino quizá por tratarse de uno de los libros más misteriosos de la literatura argentina. Incluso, se ha señalado que su original composición es precursora del nouveau roman y del vanguardismo de ‘Rayuela’, de Julio Cortázar.



