Territorio Alemania

Nuestros viajes a través de #ElMurodeNidodeLibros nos llevaron por distintos 𝗧𝗘𝗥𝗥𝗜𝗧𝗢𝗥𝗜𝗢𝗦 en 2022 y 2023. Nos sigue impulsando el deseo de conocer más de un lugar a través de su literatura y este 2024 continuaremos el itinerario con nuevos territorios literarios. Mes a mes arribaremos a un nuevo destino, proponiéndoles aquí una selección curada de autores y libros del Territorio (exhibida tanto físicamente en uno de los muros de la librería como virtualmente en nuestra tienda online), sumado a entradas en nuestro blog, y eventos y actividades relacionadas.

Ahora hemos llegado a #TerritorioAlemania

Descubre aquí nuestro viaje.


RUTA LITERARIA 2024, segundo destino:

ALEMANIA

El legado literario de Alemania es amplio, tal como en las bellas artes y el cine. Desde la filosofía hasta la literatura, Alemania ha hecho prolíficas contribuciones a la humanidad a través de sus obras. El espíritu revolucionario que anima la cultura alemana ha estado vigente durante al menos doce siglos, mucho más tiempo que la entidad política fragmentada y reconstruida conocida como Alemania. La cultura alemana ha sido central para Europa, contribuyendo con el espíritu transformador de la religión luterana, la tecnología de la imprenta como medio de democracia, el Romanticismo, la estructura de la educación superior y la tradición del socialismo liberal.

Visitaremos grandes escritores alemanes, – desde Goethe y Schiller, hasta Thomas Mann, Bertolt Brecht y Gunter Grass y voces contemporáneas que dibujan una nueva literatura. Descubriremos los vínculos entre una nación y su literatura, – preguntarse por cómo es la literatura alemana es preguntar cómo es la propia Alemania. Veremos las respuestas literarias y filosóficas de los escritores al cambio social, político y económico de su nación. Buscaremos los vínculos entre las tradiciones intelectuales de Alemania y su historia, -atravesada por violencia, tragedia y reconstrucción.

La literatura alemana ha experimentado tres períodos de grandeza: la Alta Edad Media (1160-1230), el cambio del siglo XVIII al XIX (la “era de Goethe”) y el cambio del siglo XIX al XX. Podríamos incluir un nuevo capítulo de desarrollo: de 1989 a nuestros días, con la caída del Muro de Berlín y la Reunificación de Alemania. En la literatura hay un reflejo de los cambios, con consideración del legado del Tercer Reich y el Holocausto y las consecuencias de la reunificación, al igual que una atención al oscuro legado de la colonización alemana de África antes de la Primera Guerra Mundial. La globalización sin restricciones tras el fin de la Guerra Fría, la transformación digital de la sociedad, la crisis financiera global de 2008, la crisis de refugiados, el ascenso de una extrema derecha europea y el cambio climático han dejado sus propias huellas en la sociedad alemana y en la literatura de lengua alemana.

No solo exploraremos la literatura producida por alemanes, ya que nos acercaremos a algunos autores que eligieron el alemán como lengua literaria, y cuyo aporte a la literatura es innegable.

 

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Cápsula de viaje No. 1

Del origen al esplendor

 

Alemania medieval

Carlomagno, o Carlos I el Grande, fue rey de los francos desde el 768, de los lombardos desde el 774 y del Sacro Imperio Romano desde 800 hasta su muerte en el 814. Pero entre 843 y 880, después de los combates entre sus nietos, el imperio fue dividido en varias partes en el Tratado de Verdún, el Tratado de Meerssen y el Tratado de Ribemont. Del tratado de Verdún surge, a partir del reino franco de Oriente (el Este de Francia), el territorio que sería el primer reino de Germania, semilla del imperio alemán.

Los nobles de Sajonia, Franconia, Baviera y Suabia dejaron de seguir la tradición de elegir a un rey de la dinastía carolingia para gobernarlos y en 911 eligieron a uno de los suyos como nuevo rey, Conrado I, duque de Franconia  – no sin dificultades para ejercer la autoridad antes los nobles de los otros ducados.

El duque Enrique de Sajonia permaneció en rebelión contra Conrado I hasta 915 cuando muere y es elegido su sucesor. Hasta 936 los pueblos germánicos (francos, sajones, suevos y bávaros) se unieron bajo el Rey Enrique I, y por primera vez, el término Reino de los alemanes (Regnum Teutonicorum) se aplicó a un reino franco.

En 962 Otón el Grande establece el Sacro Imperio Romano Germánico (Primer Reich), que perduró por casi mil años hasta su disolución en 1806 durante las guerras napoleónicas. Pero a  pesar de su longevidad, este nunca logró transformarse en un Estado-Nación moderno. Alemania estaba conformada por más de treinta y ocho principados, ducados y estados, entre ellos Baviera, Sajonia, Wuerttemberg, Hanover, Schleswig-Holstein, así como Austria y Prusia. Sobre estas dos últimas recaía la importancia económica y política.

En el periodo medieval la literatura en alemán consistía en versos épico-heroicos y legendarios del siglo XIII y anteriores, sobre las épocas pasadas de las tribus germánicas en las que dependían de la transmisión oral, razón por la que muchas de estas composiciones se han extraviado. Entre estas obras, o letras, figura El Cantar de los nibelungos: un cantar de gesta anónimo de origen germánico, escrito alrededor del siglo XIII (Edad Media) que reúne muchas de las leyendas existentes sobre los pueblos germánicos. Compuesta por hechos históricos y mezclada con creencias mitológicas, su complejidad y la de sus personajes, se convirtió en la epopeya nacional alemana, como lo es el Cantar de Mío Cid en España y el Cantar de Roldán en Francia.

El cantar de los Nibelungos (Peter von Cornelius 1859)

 

La imprenta

Hace más de 500 años, la aparición de la imprenta aceleró la difusión de la literatura posibilitando que, dados los procesos de impresión, los textos en alemán se leyeran en grandes cantidades no sólo en Alemania sino en todo el mundo. Inventada en Maguncia en 1440 por Johannes Gensfleisch zur Laden zum Gutenberg, la imprenta recibió su nombre abreviado: Gutenberg.

Corren los tiempos del Renacimiento y el Humanismo proveniente de Italia, basado y apoyado en el pensamiento Clásico, llega a Alemania. El tema de la reforma a la religión Católica toma poder gracias a sus máximos exponentes Martín Lutero y Juan Calvino. Las reformas buscaban acabar con las malas prácticas y los abusos que se venían presentando al interior de las iglesias católicas. En 1517 Lutero publica las 95 tesis en las que atacó, sobre todo, el negocio de la Iglesia con las indulgencias.

La imprenta no solo hizo posible distribuir escritos de la Reforma y contrarreforma, sino también folletos con versos y rimas, así como dramas y novelas. Con las nuevas prácticas de reproducción llegaron también los best-sellers. Las novelas en prosa, antes llamadas Volksbücher o libros del pueblo, se convirtieron en los primeros éxitos de ventas de la literatura en alemán. Así que con la imprenta, se revolucionaron no solo las técnicas de reproducción sino la lectura.

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Se popularizó la Historia de D. Johann Fausten, prosa anónima publicada por el impresor Johann Spies en 1587, que luego se convertiría en tema de Goethe. En el siglo XVI los impresores, traductores y grupos de teatro se encargaban de llevar la literatura a otros escenarios: a través de los libros impresos y de las representaciones en escenarios de Inglaterra.

 


 

La Guerra de los Treinta Años, del Barroco a la Ilustración

La Guerra de los Treinta Años desgarró el corazón de Europa entre 1618 y 1648. Una cuarta parte de la población alemana murió por la guerra, la hambruna y la peste. Grandes extensiones de Europa central fueron devastadas por los ires y venires de los ejércitos, y muchas tardaron décadas en recuperarse. La pugna entre los Habsburgo y los Borbones por el futuro de la España imperial, impugnada por una Francia poderosa, involucró también a todas las grandes potencias europeas del momento agrupadas en dos bandos:

por una parte el católico, conformado por el Sacro Imperio Romano Germánico, la Monarquía Hispánica y la Liga Católica Alemana bajo el liderazgo del emperador Fernando II de Habsburgo y Felipe IV de España (ambos pertenecientes a la misma dinastía), y así también el conde duque de Olivares;

por otro, el protestante, conformado por Bohemia, Dinamarca, el reino de Suecia, los Países Bajos, la Unión Evangélica y Transilvania, – a su vez apoyados por Francia, que quería frenar el expansionismo de la dinastía de los Habsburgo-, bajo el liderazgo de los reyes de Bohemia, Dinamarca y Suecia, así como por Luis XIII de Francia junto con su primer ministro, el cardenal Richelieu.

Un conflicto que origina con la revuelta bohemia y se desarrolla con el nombramiento del efímero Rey de Invierno, el elector palatino Federico V, luego vencido frente a Praga, y cuyas tierras en Alemania serán conquistadas por los ejércitos de España y de la Liga Católica alemana, la fracasada intervención danesa en el norte del Sacro Imperio, sellada con una paz de Lübeck que deja a Fernando II como gran triunfador, y la amenaza inminente de una guerra general en el continente, que no tardaría en hacerse realidad, y al final la intervención sueca al advenimiento de la paz de Westfalia, que simplemente puso fin a las hostilidades sin declarar un vencedor.

Batalla de la Montaña Blanca ©Peter Snayers

La guerra, vista como un colapso de la civilización, llevaría a un nuevo desarrollo artístico, literario, arquitectónico y cultural. Al entrar en el siglo XVIII, con Alemania ya restableciéndose de los estragos de la guerra, se entrega a una producción arquitectónica barroca, asombrosa en sus proporciones y lujos, tomando de Francia la decoración y el moderno palacio y de Italia la decoración abundante y el encuentro estético entre la arquitectura, escultura y pintura.  Condicionado por los tiempos convulsos, el Barroco se convirtió en la imagen del poder del Estado absolutista así como de la Iglesia Católica. Las clases dominantes y los religiosos fueron los mecenas y patrocinadores de las obras artísticas, puesto que les servían dar visibilidad a su ideología. Tras la Reforma protestante, la Contrarreforma se valió del Barroco para crear su imagen y de esta manera, ciertos pasajes de la Biblia, los santos y sus milagros, o todo lo que pudiera suscitar la fe de los creyentes, era representado en las artes. Por su parte, en la Europa protestante adquirió un sentido totalmente distinto: las obras eran austeras, siendo su decoración poco recargada.

Durante el Barroco surgieron en la musica la sonata, el concierto y la ópera con grandes compositores como Johann Sebastian Bach y Georg Friedrich Händel.

En los años de la guerra y la posguerra, en la literatura surgiría un movimiento religioso que impregnaría la poesía de un barroco moderado, manejando formas como el soneto, la oda y el epigrama y la introducción del verso alejandrino. El teatro jesuita también sirvió para expresar los temas principales del Barroco Alemán. La novela en prosa también contó con un desarrollo importante, con obras de corte picaresco como El aventurero Simplicius Simplicissimus, obra de Hans von Grimmelshausen (inspirado en las traducciones al alemán de la picaresca española como El Lazarillo de Tormes, del Quijote y el Rinconete y Cortadillo), o tragedias de tipo clásico de autores como Andreas Gryphius, de rasgos pesimistas con héroes implacables e íntegros pero enfrentados a un destino trágico por culpa de los tiempos oscuros que se vivían.

Revistas literarias y teatros se dedicaron a representar y discutir sobre literatura. La traducción alemana tomó especial importancia en traducir las obras, ya no al latín exclusivamente, sino que a partir del siglo XVIII, el francés y luego el inglés fueron los idiomas accesibles al público. Eruditos de Hamburgo, Nuremberg y otras ciudades trabajaron para crear una lengua nacional estandarizada, garantizando la independencia relativa de cientos de estados grandes y pequeños dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, y su independencia total de Países Bajos y Suiza.

Durante la regencia del ilustrado Federico II el Grande de Prusia, entre 1740-1786, surge la Ilustración alemana (Aufklärung) o la época del Absolutismo Ilustrado, como contraparte a la Ilustración francesa encabezada por Voltaire, Jean le Rond d’Alembert, y Denis Diderot. Sus centros principales eran Berlín y la universidad de Göttingen. En la variedad de sus obras y autores, la Aufklärung se había comprendido a sí misma como un esfuerzo por liberarse del dogmatismo religioso, orientándose hacia la a autodeterminación individual mediante la crítica, el debate racional, y la difusión de las nuevas ideas científicas.

Para algunos de los líderes  la “ilustración” debía ser entendida como una educación del pueblo, una preparación para la participación en el debate social con distancia de la superstición religiosa. Su objetivo era expandirse más allá de los círculos académicos y llegar a las esferas de las menos cultivadas.

22 de abril de 1724 – 12 de febrero de 1804, Königsberg. En 1781 publica la primera de sus tres «críticas», La crítica de la razón pura.

Fue así que en la Ilustración se impuso la Popularphilosophie. La filosofía popular luchó contra el cientificismo académico, buscaba liberar a la filosofía de la atadura académica del rigor formal de las matemáticas y las ciencias al que la sometían los profesores universitarios, entre ellos filósofos y escritores como Christian Wolff y Gottfried Wilhem. Durante el máximo periodo de la Ilustración alemana (1750–1780), Immanuel Kant alentó el estudio de la “ciencia del hombre”, basada en el rechazar la tradicional separación del hombre del resto de la naturaleza, y así permitir el estudio del “influjo físico” de la parte corporal humana en la mental. Le siguió como propagador de esta ciencia del hombre Johann Gottfried von Herder, al promover una filosofía alemana no ceñida a la academia sino receptiva a las teorías morales, estéticas y científicas procedentes de Francia e Inglaterra: una ciencia interesada en los aportes de las disciplinas humanísticas y orientada a educar y humanizar a un amplio público.

 


 

El cambio del siglo XVIII al XIX  o la “era de Goethe”

Con la llegada de un nuevo movimiento literario, -alentado por el filólogo Johann Georg Hamann y por el filósofo y crítico literario Johann Gottfried von Herder-, contra lo que era visto como una excesiva tradición literaria racionalista-, inicia la gran época de la literatura alemana a finales del siglo XVIII: el Sturm und Drang (Tormenta e Ímpetu), género protorromántico que surge como respuesta emocional a las expectativas más clínicas y científicas de la Ilustración. No sólo en la literatura, sino también con sus manifestaciones en la música y las artes visuales, este movimiento comprendido entre 1767 y 1785, concedió a los artistas la libertad de expresión, a la subjetividad individual y, en particular, a los extremos de la emoción en contraposición a las limitaciones impuestas por el racionalismo de la Ilustración alemana.

Discípulos del Sturm und Drang, Johann Wolfgang von Goethe y Johann Christoph Friedrich von Schiller se contraponen a ese espíritu revolucionario e individualista del que formaron parte en primer momento con la defensa de la idea de una humanidad en evolución y la cooperación entre individuo y sociedad, y naturaleza y cultura. Surge así el Clasicismo de Weimar, como un intento de reconciliar la agitación del Sturm und Drang con las ideas claras de la Ilustración. Entre la llegada de Goethe a Roma y la muerte de Schiller (1786-1805), este movimiento intentó establecer un nuevo humanismo, originan en las ideas de Immanuel Kant sobre la incapacidad de mantener una relación sentimiento-pensamiento, cuerpo-mente, y la preocupación de Baumgarten por la estética.

Jardín de las Musas en Weimar (1860) por Theobald Freiherr von Oer. Schiller lee en Tiefurt, Weimar. Goethe puede ser visto entre la audiencia.

Entre 1798 y 1804 surge el Grupo de Jena, que se reunía en torno a la revista «Athenäum», fundada en 1797. Entre sus integrantes, –  poetas como Novalis, Tieck y Schiller, historiadores como Schlegel y filósofos como Fichte, -trazaron las líneas fundamentales de los que sería el Romanticismo. Estos primeros románticos (Frühromantiken) teorizan y consolidan el camino hacia el romanticismo en una reacción contra la ilustración y el neoclasicismo, confiriendo prioridad a la sensibilidad emocional y por tanto la subjetividad de sus obras.  Johann Gottlieb Fichte, afirmó que el «yo» era la esencia de divinidad del hombre y el elemento que condiciona su personalidad y su moral. Así ese yo reflejado en la comunidad, convertía al colectivo en una entidad con vida propia. Friedrich Schlegel marca todo el Romanticismo con su visión de que la poesía debería ser a la vez filosófica y mitológica, irónica y religiosa. Georg Wilhelm Friedrich Hegel concibe a un dios natural, radicado también en la historia y en la cultura. Todo este conjunto de ideas, una nueva visión del mundo (Weltanschauung), confluye en el romanticismo.

En las artes, traslució como una exaltación de la belleza y los ideales; el espíritu creativo por encima de la estricta adhesión a las reglas sociales; un escape a la realidad inmediata que lo abrumaba y lo angustiaba por ellos representando épocas pasadas o lugares lejanos. La eterna inquietud se opuso a la imperturbable serenidad del alma.

Wilhem y Jacob Grimm en un daguerrotipo de 1847.

 

Es en este periodo que se evidencia un interés por el folclore y la historia común de la cultura germánica, ya que siguiendo las doctrinas de Herder (consideraba que había diferencias entre los hombres y que cada nación tenía su espíritu particular, su volkgeist, en oposición a los preceptos de la Ilustración) y Schlegel, en ellos trasluce la esencia del espíritu nacional. Surgen compilaciones de cuentos populares, como la que llevaron a cabo los hermanos Jakob y Wilhelm Grimm (Cuentos infantiles y del hogar o Leyendas alemanas), cuentos que ya se han convertido en patrimonio cultural de la humanidad, entre ellos Blancanieves y los siete enanitos, Cenicienta o Los músicos de Bremen. Publicada en 1812, Cuentos de niños y del hogar  fue la primera publicación en el nuevo alto alemán, definiendo la forma que ha tomado el alemán hasta la actualidad. El romanticismo alemán se extendería hasta principios del siglo XIX. (Leer más de Goethe, máximo exponente del Romanticismo Alemán >>)

 

 

Debido a las derrotas sufridas a manos de Napoleón Bonaparte, Francisco II renunció a la corona imperial para mantenerse únicamente como emperador austríaco, y así desapareció el 6 de agosto de 1806 el Sacro Imperio Romano Germánico. El fin de la Dieta de Worms (Asamblea celebrada en 1521 para preserva la unidad Cristian ante el progreso del luteranismo) llevó a la secularización y perdida de poder eclesiástico. Por otra parte, la Revolución Francesa hizo germinar muchas nuevas ideas en Alemania: los valores republicanos y la idea de la resistencia nacional contra la ocupación francesa.

En medio de la desunión surgen movimientos nacionalistas, revueltas en las que la burguesía abogaba por reformas liberales que quedaran consignadas en una constitución, desplazando a la aristocracia y logrando la unificación de Alemania. La revolución de 1848 desemboca en una reunión de delegados de todos los estados alemanes, la Asamblea Nacional de Frankfurt, con el objetivo de trabajar una constitución común para todos y la aprobación de elecciones por sufragio universal en todos los estados. Pero los delegados pronto notaron que aún carecían de otros factores necesarios para la fundación de un Estado: un ejército propio, una ciudad capital, instituciones nacionales, leyes comunes y definir quién debería ser parte del nuevo Imperio alemán. La idea de una gran Alemania, compuesta por la Federación Alemana, Prusia y Austria, se contraponía a la de una pequeña Alemania, en Austria quedara excluida.

Heinrich Heine, litografía de Eduard Kaiser; 1838

En este entorno surge el movimiento literario conocido como Joven Alemania, liderado por Karl Borne y Heinrich Heine entre 1830 y 1850, que buscó despertar las opiniones políticas alemanas. Pasaron así del romanticismo al realismo más sobrio, reaccionando contra la introspección y el individualismo del romanticismo en la literatura nacional, que había causado una separación total de la literatura de la realidad de la vida. Al ser visto como apolítico, el realismo se despidió del romanticismo que había dominado la literatura por casi un siglo. La nueva y joven Alemania requería de un activismo político.

En 1871 se daría la Unificación de Alemania, constituida autoritariamente como Estado-nación, proclamándose el Imperio alemán (Segundo Reich), con Prusia a la cabeza.  Guillermo I es proclamado emperador de Alemania en Versalles, regente de una monarquía constitucional. Poco después de la fundación del Reich vendría el auge económico, los llamados años fundacionales en los que se frenó la ola de migraciones iniciada en la revolución del 1848 durante los años de inestabilidad.

Y el realismo produciría poetas, pensadores y periodistas, todos los cuales evitaron entrar en temas políticos de la época, y centraron su atención en la patria chica de Alemania en ese entonces, centrando toda la atención en el individuo y su paisaje con una característica particular: el humor. Se buscaba denunciar las debilidades que presentaba la sociedad en esa época. Luego el naturalismo sirvió para dar cuenta de visiones mal interpretadas por los realistas alemanes en la segunda mitad del siglo XVIII, buscando expresar toda la verdad en la sociedad burguesa. Escritores como Gerhart Hauptmann (luego obtendría el Premio Nobel  de Literatura en 1912) y Arno Holz llegaron a la conclusión de que el arte de esa época de reproducir obras que logren mostrar la verdadera realidad. Sus obras en prosa y poesías sirven para dar cuenta de ello.

 



 

Cápsula de viaje No. 2

El cambio del siglo y el impacto de las guerras

 

Las vanguardias de inicios de siglo XX

 

La literatura clásica alemana de finales del siglo XIX se caracterizaba por presentar importantes comentarios sociales, predominando el realismo y el naturalismo en la concepción y producción literaria. Pero al igual que en el resto de Europa, en Alemania el primer tercio del siglo XX fue el momento de auge de las vanguardias, con papel preponderante para el Simbolismo, el Heitmatkunst (movimiento nacionalista, “arte de la patria”, con una literatura que lucha por reproducir la vida y la atmósfera de las provincias) y el Expresionismo, considerada la última gran corriente literaria alemana, que roza con la literatura del absurdo.

Este fue, más allá de tendencias, un período prolífico en escritores brillantes como Theodor Mommsen (centrado en Historia Antigua, Nobel de Literatura en 1902), Rudolf C. Eucken (filósofo y escritor, Premio Nobel en 1908), Paul von Heyse (genio lírico, Nobel en 1910), Gerhart Hauptmann (dramaturgo, novelista y poeta naturalista; Nobel en 1912) y Thomas Mann (Nobel en 1929).

Al contrario del Naturalismo, el Simbolismo acudía a un lenguaje complejo y metafórico e imágenes para resaltar la belleza y la perfección, y sobretodo lo sensible. Stéphane Mallarmé, Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud, principales representantes de este movimiento en Francia, lo transmitieron a Alemania y poetas como Rainer Maria Rilke, Stefan George y Hugo von Hofmannsthal, se convirtieron a su vez en los principales exponentes en el país. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, el Simbolismo llegó a un drástico final.

Rainer Maria Rilke , poeta y novelista austríaco considerado uno de los poetas más importantes en alemán. (1875, Praga, Chequia – 1926, Montreux, Suiza)

Alrededor de 1910, la situación social e histórica de Alemania era sumamente compleja. Por una parte, un acelerado desarrollo industrial, el esplendor urbano, los avances científicos y una legislación social avanzada. Pero por otra, el hacinamiento y la marginación de la población obrera, un sistema de educación elitista y autoritario, la hegemonía de la clase social militar y la burguesía sobre las clases medias más progresistas y el proletariado. Alemania vivía en medio de tensiones que afectaban también el equilibrio europeo; por una lado con Marruecos, por otro los conflictos en los Balcanes; por el oeste enfrentado a una Francia ansiosa por desquitar su derrota en la Guerra Franco-Prusiana (1870); por el este el imperio ruso que, aunque diezmado por su derrota contra Japón (1905) y su retraso tecnológico, al contar con tan gran población lo hacían un enemigo a considerar; una enemistad cada vez más marcada con Gran Bretaña debido a las torpes políticas exteriores de Guillermo II y los cancilleres que sucedieron a Bismarck. Todo ello contribuía a que el gobierno alemán mantuviese una defensiva, dominando en el parlamento una coalición de partidos conservadores y centristas, que respaldaban la política militarista del gobierno.

Por otra parte, en el terreno de las ideas se gestaban muchos cambios. Las nuevas teorías de la física (entre ellos Einstein y Planck) derrumbaban las construcciones de la física clásica. En el campo del psicoanálisis se rechazaba el racionalismo de la ilustración y el positivismo y se revelaba la presencia del lado oscuro de la mente en la determinación de la conducta humana. La crítica de la civilización de Nietzsche negaba los valores éticos burgueses y privilegiaba los impulsos vitales. Su pensamiento influyó en autores como Ernst Jünger y Bertholt Brecht.

Es entonces cuando surge el expresionismo literario, vanguardia que puede catalogarse como el último movimiento que se manifiesta en Alemania antes del inicio del nacionalismo y del nacimiento de un gobierno autoritario. El expresionismo se caracterizó por una reacción contra el naturalismo y el simbolismo, rechazando el reflejo mimético y detallista de la realidad del primero, y por otro la actitud estetizante e intimista del segundo. En su literatura se evidencia un afán de evocar la velocidad y la simultaneidad, prefiriendo los temas urbanos, subvirtiendo el lenguaje tanto en palabras como en sintaxis. Se centra en un visión abstracta de “el hombre”, una reacción de atracción y odio hacia la tecnología, una fuerte presencia de lo onírico y lo fantástico, llegando a veces a representar una ironía grotesca.

Pueden definirse dos etapas en el expresionismo literario: la primera de 1910 a 1914, marcada por la sensación de habitar un mundo cruel y desconcertante unido a la expectativa de una inminente catástrofe; la segunda de 1914 a 1920, en medio de la guerra con sus horrores y la posterior derrota de la revolución.

La literatura expresionista circulaba en espacios o medios no convencionales por tanto se refiriere a que fue un movimiento “contracultural”. En los clubes y cafés se discutían y presentaban los textos de jóvenes autores y pequeñas editoriales publicaban sus libros. Fueron las revistas literarias, entre las que lideraron sobre todo la difusión de la producción expresionista. La narrativa abordó temas psicológicos como la disociación de la personalidad, la demencia, las obsesiones sexuales así temas actuales como la presencia destructiva de la tecnología. Las fronteras rígidas entre los géneros se desdibujaron, por ejemplo textos narrativos con fuerte presencia la reflexión y el análisis o la “ensayización” de la novela. Entre sus principales exponentes literarios figuran Georg Heym  1887-1912),  August Stramm (1874-1915), Georg Trakl (1887-1914), Alfred Döblin (1878-1957), Gottfried Benn ( 1886-1956) y  Georg Kaiser (1878-1945). Es quizás Kafka el mayor  representante del expresionismo literario alemán, – a pesar de que su obra se concentra temporalmente en este periodo, no puede ser clasificada en las corrientes de su época-, con aportes a la literatura moderna a través del relato simbólico despojados de moralejas, reflejando el absurdo y la angustia de una existencia sin sentido.

Franz Kafka fue un escritor bohemio en lengua alemana. (1883, Praga, Chequia – 1924, Kierling, Klosterneuburg, Austria)

 

La Primera Guerra Mundial y la República de Weimar (1918-1933)

Bajo el mandato del emperador Guillermo II, Alemania se une a Austria e Italia, declarando la guerra a la coalición opositora formada por Rusia, Francia y Gran Bretaña, conduciendo a la catástrofe de la Primera Guerra Mundial en 1914. No fue sino hasta octubre de 1918, cuando ya no cabían dudas sobre la derrota militar de Alemania, que se realizó una decisiva enmienda constitucional y el 9 de noviembre de 1918, el socialdemócrata Philipp Scheidemann proclama la república y el emperador Guillermo II abdica. Las elecciones para la Asamblea Nacional se celebraron el 19 de enero de 1919 en la ciudad de Weimar, proclamándose una nueva constitución. Ese mismo año en junio se firmó el Tratado de Paz de Versalles, culpabilizando a Alemania de la guerra, escindiéndole el 13% de su territorio y una décima parte de su población. El ejército alemán quedó reducido a cien mil hombres y se le prohibió reclutar soldados, confiscándole la mayor parte de sus armas y grandes buques. Guillermo II fue sometido a juicio por crímenes de guerra y el país tuvo que resarcir monetariamente, en lo que muchos alemanes consideraron una paz impuesta (diktat).

Damenkneipe or «Ladies’ Saloon»; Rudolf Schlichter, 1923.

Este período conocido como la Republica de Weimar (1918-1933) fue uno gran inestabilidad política y social, salpicado de frecuentes golpes de estado y una grave crisis económica. En medio de este amargo escenario politico, el mito de una aventura heroica se convirtió en un tópico nacional, en tanto que la Guerra y la derrota estuvieron presentes en todos los aspectos de la vida. Por otro lado, la sociedad de Weimar presentó importantes transformaciones sociales, como el nacimiento de una nueva clase media representada por la figura del empleado y de una nueva mujer “moderna”.

En el ámbito de la cultura destacaron los medios de masas y el periodismo que en la época sirvieron como fuente de inspiración a numerosos autores. Enmarcadas dentro de la “Nueva Objetividad” se publicaron novelas que reflejaban y analizaban esta realidad. Surgió un mercado popular para los libros que hablaban del conflicto, tanto por autores tendentes a la izquierda como a la derecha,  entre ellos Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque (1928). Durante los días de la República de Weimar, las tradiciones realistas y naturalistas de antes de la guerra retornaron y sobresalieron en experimentación e innovación.

Esta es también es la época en la que se agiliza la comercialización y mercantilización de la literatura. El escritor de profesión se rige por las exigencias de las editoriales, los teatros o los periódicos, desapareciendo el perfil de escritor que no ve ninguna relación entre la creación de una obra y la comercialización de la misma (dichter).

En estos años, junto a la Nueva Objetividad, conviven el Expresionismo tardío y el Dadaísmo.  Muchos escritores se ocuparon de la sociedad de la época de la República, coexistiendo las novelas de guerra, sobre empleados (Angestelltenromane), de y sobre periodistas, novela proletaria-revolucionaria, entre otras. Durante los primeros años de la República de Weimar, de 1918 a 1920, hubo una avalancha de publicaciones de  libros que debido a la escasez de papel y a la censura no pudieron editarse durante la guerra.

En el territorio vecino, el 12 de noviembre de 1918 se proclamaba la República de la Austria Alemana que sería el preámbulo de la llamada Viena Roja. Con el fin de la guerra y la caída de la Monarquía, las fronteras de algunos de los nuevos estados surgidos de los tratados todavía no eran definitivas. Tampoco existía una constitución que regulase esta nueva República. Con el país en quiebra y sin tradición de gobernar un pequeño estado, para muchos austriacos la mejor salida era la anexión al Reich alemán.

En este nuevo panorama, los anteriores vasallos de la monarquía, incluidos los escritores, tuvieron que adaptarse a una nueva estrechez impuesta por los tratados de paz; no solo geográfica sino también económica, social y cultural. Surge un tipo de autor, el “austrófilo testimonial”, que pensando aún en su mundo desaparecido, dedica su energía a una evocación del pasado. La posguerra también hizo surgir otra actitud poética, la “austrófila reflexiva”, que más allá de evocar el mundo perdido, pretendía estudiar su origen y las causas de su caída, obteniendo enseñanzas que arrojaran respuestas e incluso evitaran el futuro sombría que surgía con la desaparición de la Monarquía, – con ello marcando las pautas para una “idea austriaca” del nuevo ciudadano. Un tercer tipo de autor adoptaría una postura “crítico-rupturista”, muchos de ellos se trasladaron a Berlín huyendo del ambiente conservador de Viena. Elías Canetti, Hermann Broch o Karl Kraus, Robert Musil y Joseph Roth hicieron parte de este grupo de intelectuales rupturistas. En el periodo de entreguerras, la literatura desaparición estaría influída por las ideas supranacionales y los aportes de intelectuales judíos.

 

Es asi que en la República de Weimar de los años 20 y en la Primera República Austriaca conviven al menos tres generaciones de escritores:

  • Los primeros representantes de la Modernidad, aquellos nacidos entre 1860 y 1880, entre ellos Heinrich Mann y Thomas Mann (Premio Nobel 1929), Gerhart Hauptmann, Rainer Maria Rilke, Stefan George, Robert Musil o Hermann Hesse (Premio Nobel 1946), que para este momento ya cuenta con una importa obra.
  • La generación traicionada, aquellos nacidos entre 1880 y 1900, coetáneos con los expresionistas y dadaístas, y que lograron sobrevivir a la guerra, entre ellos Alfred Döblin, Ernst Toller, Gottfried Benn y Hans Fallada, quienes se encuentran en el medio de su producción literaria.
  • La «Lost Generation», nacidos después de 1900 quienes comienzan a escribir hacia el el final de la República de Weimar, entre ellos Anna Seghers y Ernst Glaeser.

 

Así mismo se abre paso una generación de escritoras y reporteras que toman plena consciencia de su rol en la sociedad. En 1929, diecisiete escritores, entre ellos Stefan Zweig, y Robert Musil, opinaron sobre el papel de la mujer en la sociedad del momento, a través de ensayos en los que buscaban entender esta nueva participación femenina. Ese mismo año el Premio Nobel fue para Thomas Mann.

 

En medio de las abrumadoras reparaciones y pagos que debió hacer Alemania, se redujo la producción industrial del país. Por otra parte la hiperinflación durante los años 20, se sumó para llevar a la inestabilidad económica de la Gran Depresión. Este ambiente  propició, entre otras cuestiones, el ascenso del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), bajo el liderazgo de Adolf Hitler, siendo el partido político más votado en las elecciones para el Reichstag del 6 de noviembre de 1932. El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler se convierte en canciller del Reich. La dictadura nazi comienza con la declaración del Tercer Reich y la “Ley de Habilitación”, poniendo fin a la denominada República de Weimar, si bien la Constitución estuvo vigente hasta 1945.

La represión nazi comenzó a tomar forma no solo a nivel político sino también cultural, contra todo lo que estuviese relacionado con la Modernidad. Mientras en Francia el surrealismo entraba en furor, no hubo ecos de ello en Alemania. A partir de 1933, dos grupos fueron especialmente perseguidos: los opositores al partido Nacional Socialista y los escritores. Bajo el amparo de una nueva ley en 1933  “para la protección de la nación” se ejecutó la primera acción violenta en una quema de libros en la plaza de Berlín y posteriormente en setenta ciudades alemanas y en Salzburgo. Obras de Vicki Baum, Bertolt Brecht, Lion Feuchtwanger, Andre Gide, Franz Kafka, Karl Kraus, Theodor Lessing, Jack London, Heinrich Mann, Klaus Mann, Erich Maria Remarque, Joseph Roth, Anna Seghers, Jacob Wassermann, Stefan Zweig, entre otros fueron devoradas por el fuego. Con ello iniciaria la persecución, el asesinato y el exilio de escritores.

El régimen privilegió la literatura antimoderna, es decir la regionalista y que ponderara los valores inmutables. Los que no se adhirieron a esta producción literaria, buscaron continuar su obra desde el exilio centrada principalmente en el Tercer Reich y el ascenso del fascismo. Surgió tambien una literatura ilegal de la resistencia, pero poco difundida en Alemania y Austria.  Durante los doce años del régimen nazi no fue publicada en los territorios del Reich ninguna obra literaria memorable.

 


 

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