La pequeña Sasha ahora vive muy lejos, distante de la selva donde nació. Ahora puede recorrer el mar mediterráneo, plazas y monumentos. Sacha siempre mira sus manos, y en ellas puede ver el saladero de tapires, las mariposas azules, las orquídeas, los helechos, y hasta las boas de su selva.





