3 apuntes del Club de Lectura

En Mayo en #ClubdeLecturadeNidodeLibros leímos “Tránsito” (1944) de la escritora alemana Ana Seghers

En el año 1940 Marsella es más que una ciudad, es una puerta hacia la libertad. Millares de personas que huyen del fascismo alemán, personas de toda Europa, luchan por conseguir visados, sellos, certificados para poder abandonar el continente. Seghers teje una inquietante historia de aquellos retenidos en Marsella y el lector experimenta la situación desesperada de los refugiados que luchan por abrirse camino a través de la jungla burocrática para adquirir los papeles y sellos exigidos a las distintas autoridades en el tiempo necesario. El título se refiere, en el contexto del exilio no sólo a la visa de tránsito para poder viajar por otros puertos hacia el destino final, sino también al estado de encontrarse en una situación de transición, una espera incalculable sin un lugar al que llamar hogar, sin ciudadanía, sin saber cuándo y a dónde llegar.

La historia está contada desde el punto de vista de un narrador masculino, Seidler, que habla en primera persona y le cuenta a un extraño en un café de Marsella su vida y su fuga. Ha escapado de un campo de concentración, y humillado y privado de su voluntad como individuo, se convierte en un fugitivo sin rumbo fijo. Una serie de acontecimientos lo llevan a obtener la documentación de un tal escritor Weidel, que se ha suicidado recientemente. Así que decide que la mejor opción es adoptar su identidad y seguir la corriente de personas que buscan un visado para huir de Alemania. Sin verdaderas intenciones de migrar, emprende la búsqueda de los visados y el tránsito, pero siempre en constante indecisión hecha a andar y luego frena su propio estatus de migrante o residente. Durante este proceso de tránsito, el protagonista nos da a cocer a múltiples personajes en situaciones migratorias angustiosas y él mismo va pasando por una evolución interna.

Te dejamos aquí tres reflexiones o apuntes para que tengas en cuentas durante tu lectura. 

 

 

#1 – La violencia no sólo está en los campos de guerra

Una novela que recrea la atmósfera de los migrantes desplazados por la Segunda Guerra Mundial en el puerto de Marsella. Seghers, basándose en su experiencia propia, captura y evoca el estado de ánimo de la época: la espera constante e incierta por culpa de una burocracia laberíntica y compleja que controla los permisos de salida y entrada y los tránsitos hacia otros países, – todo ello bajo la amenaza inminente de una agresión nazi.

 

La verdadera violencia está en la deshumanización cuando se desconoce al otro.

 

 

 

“¿Qué hace que la gente encarcele a otros si ellos mismos han sido encarcelados? ¿Por qué la gente golpea a sus hijos si han vivido una infancia violenta? ¿Por qué la gente es injusta si ha sufrido injusticia? ¿Qué tienen que ver estas ingenuas preguntas con Anna Seghers? En su trabajo se puede encontrar mucho contenido para estas preguntas y tal vez incluso algunas respuestas”. – Katja Lange-Müller in Die Welt

 


 

#2 –  La universalidad del exilio

Una novela realista, casi documental, -considerada una obra clave dentro la llamada Exilliteratur – escrita por Seghers cuando experimentaba en carne propia el tránsito hacia América. A través de un caleidoscopio de historias individuales la autora configura el diverso abanico de realidades vividas por los exiliados. La autenticidad con que describe los hechos y el minucioso detalle con que retrata la Marsella de la época, no riñe con la universalidad de lo narrado. La modernidad que en su momento suponía el uso de la técnica narrativa en clave detectivesca y el monólogo interior, han hecho que esta novela se lea como el drama de cualquier exiliado.

 

 

 


 

#3 – Crisis de identidad

Los duros procesos de tránsito desencadenaron fuertes crisis de identidad en la sociedad, tanto de manera individual como colectiva, situación que pueden extrapolarse de lo vivido por Seghers a la sociedad alemana de esa época en general, y a las migraciones actuales.

El individuo se siente excluido de esa identidad colectiva a la que pertenecía y pierde, por tanto, los aspectos de su identidad individual que compartía con ese grupo social.

Seghers acentúa la pérdida de identidad en la novela, al crear un personaje que suplanta la identidad de otro, al tiempo que no la asume completamente.

 


 

 

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